La persona que hace uso de los
anónimos o cartas sin firma, para comunicar sus intenciones,
deseos o pensamientos, demuestra ser ruin además de cobarde
por no tener valor de apoyar lo que escribe.
Todos hemos oído comentarios -nunca favorables- sobre
las muchas desgracias que se han ocasionado con este sistema
de comunicación, y las despedidas de "un amigo que le
aprecia" o de "alguien que quiere ayudarle" es posiblemente
una de las mentiras más infames.
Hay personas que piensan de las que escriben anónimos,
que merecen no solo el desprecio social, sino también
una sanción legal. Lo mismo podemos aplicar al que recibe
cartas anónimas y las utiliza en prejuicio de otro, insinuándole
que sabe ciertas cosas que pueden perjudicarle.
Por lo que recomendamos tirar cualquier anónimo a la
papelera, sin tan siquiera leerlo. |