Si no nos gusta escribir cartas, lo menos que podemos hacer es seguir
unas normas elementales a la hora de escribir nuestra correspondencia.
Hay que contestar lo antes posible a las cartas recibidas. No hay
que hacerlo a los 5 minutos de recibirlas si no estamos inspirados,
ya que de ser así resultarían unas cartas muy falsas y aburridas.
De todos modos no hay que demorar la respuesta demasiado tiempo,
o si no, pensarán de nosotros que somos unos dejados y dejarán de
escribirnos, creando enemistades y malos entendidos.
Como exepción tenemos las cartas amistosas que se escriben una vez
al año y que reflejan toda nuestra vida.
Si la carta contenía una pregunta, la carta enviada puede limitarse
a su respuesta, ya que la persona que nos envió la carta espera
nuestra respuesta con impaciencia.
No dar respuesta a cartas de negocios es, obviamente, muy grave.
Por último, el no contestar la carta de un amigo puede hacernos
perder su amistad.
Estas normas son aplicables a la correspondencia por correo electrónico,
más fría e impersonal que la tradicional, pero muy usada en la actualidad.
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