Por educación, las cartas se escriben en papel bien limpio y
sin arrugas.
Aunque es posible que el valor sentimental sustituya a la buena
presencia, lo recomendable es enviar cartas pulidas.
No olvidemos que vamos a ser juzgados por el destinatario según
la apariencia de nuestra carta. No importa el tipo de papel,
lo importante es que esté limpio.
Mandar una carta sucia es comparable a celebrar una comida de
invitados y poner el mantel sucio.
Forma y color
Lo correcto es prescindir de los papeles de cartas llamativos
y cursis.
Los hombres suelen preferir el papel blanco, gris claro o marfil.
Las mujeres se inclinaban antes por los colores suaves y papeles
perfumados, aunque cada vez se tiende más al minimalismo. En
el caso de querer perfumar las cartas bastará con mojar un algodón
en perfume y dejarlo en el lugar en el que se guarda el papel
de cartas. Hay que tener cuidado con el perfume utilizado, ya
que algunos pueden dejar manchas en el papel, dando efecto de
suciedad y dejadez.
Los sobres
Los sobres harán juego con el papel, en su forma y color.
La carta deberá doblarse con cuidado hacia dentro.
Actualmente existen sobres que se cierran como una pegatina.
De no ser así, no es correcto humedecer la goma del sobre con
la lengua, da muy mala impresión y es totalmente antihigiénico.
Aparte del riesgo de cortarse la lengua al pasarla por el borde.
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