La primera Regla de Oro consiste en aplicar la Precedencia
con inteligente flexibilidad, nunca con rigidez, porque la
precedencia es una guía, no debe ser un corsé.
No olvidemos que el establecimiento de la precedencia, necesaria
para la ordenación de los comensales, es un medio para
obtener la eficacia de la comida. No es un fin en sí
misma.
Hay quien la interpreta con la rigidez que hace pasar a un
director general (con precedencia establecida) por delante
de un gran financiero o industrial, de un excepcional investigador,
de un famoso escritor, periodista o artista (que no la tienen),
aunque estos sean realmente más importantes que el
citado director general. Esto es un error.
Y para terminar, he aquí la segunda Regla de Oro, también
esencial, en la interpretación y ambientación
de la precedencia.
Las personas a las que les pueda corresponder más de
una precedencia, por poseer al tiempo varios rangos o dignidades
(cada uno de los cuales con su precedencia propia) han de
ser ordenadas atendiendo la precedencia que les corresponda
según el objeto de la comida, aunque queden situadas
por debajo del lugar que ocuparían si se las aplicase
otra, superior, de las precedencias que gozan.
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