Es en los acontecimientos reales y de estado cuando se utilizan
los niveles de comportamiento más formales; aunque en los
últimos tiempos se ha producido un relajamiento general en
el protocolo, que implica que las cosas no son tan rígidas
e inflexibles como solían ser.
Esto hace que las cosas sean por una parte más fáciles y,
por otra, más difíciles. Más fáciles porque no es preciso
recordar tantas lineas de comportamiento
rígidamente definidas, y más difícil porque ahora hay
muchas más ‘areas indeterminadas’ regidas solo
por la cortesía normal y el sentido común.
Por ejemplo:
En una época determinada la regla para conversar con la realeza
era “nunca hablar hasta que te hablen” , “no
sacar un nuevo tema de conversación” y “no hacer
preguntas”.
Hoy en día, aunque sigue siendo verdad que la realeza da
comienzo a la conversación al principio, es completamente
válido para un invitado en palacio durante un acto (no muy
formal) sacar un tema de conversación o hacer preguntas, lo
cual implica que es tarea del invitado evitar temas de conversación
conflictivos o polémicos y preguntas impertinentes.
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