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Consejos prácticos de relaciones de mesa

Dije anteriormente que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Y lo repito de nuevo. ¡Por favor! Haced todo lo posible para que vuestros discursos sean breves.

Tened siempre presente lo siguiente:

  1. Por muy bueno que sea un discurso-brindis, si es largo, acabará aburriendo a los comensales-oyentes.

  2. ¡Cuidado con los discursos-brindis improvisados!
    Por supuesto, son los mejores, pero son mucho más complicados de lo que la gente cree.

    • Quien los pronuncia ha de ser un buen orador. Al que no lo sea, yo le rogaría que lo leyese.
    • Es muy arriesgado lanzarse a este tipo de discurso en otro idioma, si uno no lo domina.
  3. ¡Cuidado con su dedicación previa o saludo!
    Lo mejor y más seguro es limitarla al invitado de honor. Para los demás, el general Señoras y Señores es suficiente.
    Por supuesto, si además del invitado de honor está presente una personalidad muy importante, ha de ser específicamente mencionada, y nadie más.
    No hay impresión más lamentable que la causada por el anfitrión cuando se empeña en mencionar a cada uno de sus invitados. Primero, nada más empezar aburre a sus oyentes. Segundo, tiene un 99% de probabilidades de olvidarse de mencionar alguno.

  4. ¡Cuidado con la terminación del discurso improvisado!
    Empezar es fácil, lo dificil es terminar.
    Si mala es la impresión causada por lo dicho en el punto anterior, peor es la del orador que no termina nunca. Del orador angustiado, dando vueltas y vueltas preso en un laberinto sin salida, hasta que, desesperado, sorpresiva e inesperadamente corta por lo sano y se sienta.
    • Cuando hay invitados extranjeros, en lo posible, hay que mezclarlos con los nativos. Es decir, no deben sentarse dos invitados extranjeros juntos.

    • En caso de igual rango con un nativo, por cortesía, se concede la preferencia al extranjero.

    • En comidas oficiales o de trabajo, donde participen mujeres en función de su labor, se les ha de dar el puesto que les corresponda, según su cargo o función.

    • Las damas casadas asumen el rango de sus maridos. Sin embargo, y esto es una curiosa discriminación, no sucede lo mismo al revés. Es decir, que, en general, el marido no asume el rango de la esposa, conserva el propio.

    • Las damas solteras pasan después de las casadas, a menos que posean un específico rango propio. Por ejemplo: 'la Srta. de..., es Marquesa de..., o Directora General de...'

    • No deben sentarse juntas dos personas que hablen dos idiomas diferentes. Si ello es absolutamente necesario, hay que tener buen cuidado de sentar a ambos lados de estas dos personas a invitados que hablen su idioma o un tercero, de conocimiento común.

    • Delante del puesto del anfitrión y de la anfitriona, es decir, en las presidencias, no se pone tarjeta personal de plato. ¿Por qué? Porque están en su casa.

    • Cuando en una comida numerosa falla un comensal en el último momento ¿Qué Hacer?.
      Muy sencillo, se corre hacia el centro de la mesa (donde están las presidencias) toda la banda donde está situado este comensal, se arregla el centro y las puntas, y ya está.

    • En comidas en casa y de pocos invitados, para darles un carácter más íntimo, puede prescindirse del mesero y de las tarjetas personales de mesa. De este modo, el propio anfitrión se encarga de colocar a sus invitados.
      Sin embargo, ¡cuidado! solamente cuando el anfitrión sepa hacerlo.
      De no ser así, el resultado puede ser desastroso.
      El anfitrión que quisiera hacerlo, le diríamos: primero, haga el plano de la mesa; segundo, memorícelo bien, delante de la misma mesa.

    • La comida ha de tener un ritmo, ni demasiado rápido, ni demasiado lento. Subrayamos ni demasiado lento porque la excesiva tardanza entre plato y plato es lo que más puede aburrir e irritar a los comensales.
      Aquí entran en juego tres elementos:

      • Buen montaje de la cocina.
      • Buena coordinación cocina-criados o camareros.
      • Número suficiente de criados o camareros.

      En una palabra: hay que disponer de un buen mayordomo o maitre.

    • Conviene instruir al personal de servicio respecto del orden que han de servir en la mesa.
      Como es obvio, este orden (primero de señoras y luego de caballeros) coincide en cada banda y a ambos lados de los anfitriones con el de precedencia de la mesa. Con la salvedad de que los anfitriones son los últimos en ser servidos.
      En las grandes comidas, para agilizar el servicio y siempre siguiendo las direcciones indicadas, conviene dividir la mesa en sectores, atribuyendo a cada criado o camarero un sector determinado. De este modo, todos los sectores se sirven simultaneamente.

    • Coherencia entre las personas que están sentadas juntas:

      • No deben sentarse juntas dos personas que se odian.
      • No deben sentarse juntas dos personas intolerantes.
      • Deben sentarse juntas personas que tengan algo en común.


    • Excepto en comidas especializadas o monográficas, una cierta variedad entre los comensales es buena, pues ayuda al interés y, en consecuencia, a la conversación.
      Sin embargo, no hay que pasarse. Si esta variedad es muy grande y existen demasiadas diferencias en la cultura, modo de vida, etc..., de los comensales, el resultado será justamente el contrario.

    • Mucho cuidado con las personas intolerantes o demasiado seguras de sí, son la fuente más frecuente de las agrias discusiones en la mesa.
      Mucho cuidado con este tipo de personas, pues lo peor que puede suceder en una comida (aparte, naturalmente, del infarto de un comensal), es este tipo de discusiones.

    • Cuando por una razón específica (existe un invitado de honor, etc) no se cumplen las normas de precedencia respecto de un determinado invitado, es aconsejable explicárselo antes de sentarse.

    • Por evidentes razones de cortesía, no debe situarse nunca a un extranjero en punta de mesa.

    • Hay que evitar hasta los atisbos de discriminación, cualquiera que ésta sea.

 
 
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