En el antiguo Egipto las mujeres ya se colocaban un aro de oro
en sus dedos como símbolo de la unión eterna con
su esposo. Los arqueólogos también han hallado referencias
de este compromiso matrimonial entre los antiguos novios hebreos,
que colocaban un anillo en el dedo índice de la novia;
los prometidos indios y en Pompeya, el anillo, además de
su simbolismo sentimental, convertía a una mujer en la
dueña de la mitad de los bienes del esposo tras el matrimonio.
Los primeros cristianos mantuvieron este rito nupcial, heredado
sin duda alguna de la cultura grecorromana. En el siglo III a.
De C., los griegos colocaban el anillo en el anular, ya que creían
que en este dedo moría, tras recorrer todo el cuerpo desde
el corazón, la vena del amor. Fue en tiempos del papa Nicolás
I, en el siglo VIII, cuando la iglesia institucionalizó
el uso de la colocación de un anillo de oro en la ceremonia
nupcial.
Los anillos del los contrayentes llevaran inscrito las
iniciales de su pareja, con alguna dedicatoria hacia él
o ella y el día del enlace.
En la mayoría de las regiones de España es de costumbre
que se coloque la alianza en el dedo anular en la mano derecha,
en cambio en Cataluña y Valencia se coloca en la mano izquierda.
Símbolo tradicional de lo ilimitado (eternidad).
El rito de los anillos en el matrimonio fue tomado de la
ceremonia pagana entre los romanos. En el ritural toledano
se usaban dos anillos y en el romano sólo uno. Hace
referencia a la fidelidad.
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