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Desde la
aparición de este juego se han escrito
kilómetros de líneas sobre el mismo. Nosotros
aquí tenemos lo que nadie ha dado. La
auténtica confesión de McCoy, nuestro Blade
Runner preferido. Pero ante todo no olvidéis que esta
aventura tiene varios caminos que dependen de vosotros
mismos, por no hablar de los innumerables objetos que os
encontraréis y que, queráis o no, os
afectarán.
I
Cuando recibí aquella llamada para mi primer caso
como Blade Runner se me revolvió el estómago.
Yo era un novato y tenía todas las papeletas para
acabar boca arriba en algún callejón,
desangrándome asesinado por alguno de aquellos
replicantes. Sobre todo si se trataba de un Nexus 6. La
primera parada fue en la tienda de Runciter, un tugurio de
venta de animales sintéticos en el que, según
las malas lenguas, se vendían animales de verdad. En
la calle había una miríada de curiosos a los
que un agente de policía contenía tras las
vallas. Hablé con él para informarme de lo
sucedido y le encargué que preguntara a los posibles
testigos. En la calle pude encontrar algunas pruebas como un
trozo de metal y restos de pintura; tal vez en el
laboratorio de la policía supieran sacar algo de todo
aquello. Después entré en la tienda y
allí estaba Runciter. Runciter se estuvo quejando de
su mala suerte y acusó a una dependienta, Lucy, que
había contratado y que según el estaba
compinchada con quienes le habían asaltado. La chica
había venido con una carta de referencia que me
entregó. Tras hablar con él observé una
cámara que colgaba del techo y le pregunté si
tenía la última grabación ya que
podía encontrar algunas imágenes de los
asaltantes. Tras esto me dirigí hacia la mesa que
Runciter me había comentado que usaba Lucy.
Allí encontré varias cosas, entre ellas una
funda de palillos del restaurante de Howie Lee, en el barrio
chino. Una vez localizado y recogido todo lo que
había, salí de la tienda para coger el
aerocoche y volar hasta la comisaría. En la
comisaría lo primero que visité, porque
así me lo enseñaron en la academia, fue el
piso 2. Allí está, en una puerta a la derecha,
el cuarto de comunicaciones, donde se deben dejar las pistas
y recoger las informaciones de otros agentes, así
como un ESPER, un equipo para la visualización de
fotografías que permite el aumento de
imágenes. Allí examiné la imagen de la
tienda de Runciter y pude sacar imágenes de Lucy y de
los asaltantes de los que hice copia y guardé en mi
archivo personal. Es importante contar con una buena
fotografía de los sospechosos. Tras cumplir con las
ordenanzas bajé a la planta primera para hablar con
el sargento y, tras escucharle y saber como estaban las
cosas, volví a la planta segunda para hacer un
recorrido en la galería de tiro. Es importante
mantenerse en forma. Al terminar me dirigí al monitor
que hay en el pasillo de la planta. Mis resultados no eran
muy buenos, pero con práctica los mejoraría.
Subí al piso tercero, al laboratorio. Dino, el
encargado del laboratorio, me dio toda la información
que tenía de las pruebas del lugar del crimen
así como de los animales de Runciter. Era el momento
de ir a ver a Howie Lee en el barrio chino. Howie Lee
parecía no saber nada de Lucy pero el aspecto de su
cocinero Zuben me intrigó, algunos llaman a eso
olfato de sabueso. Llevaba trabajando poco tiempo y Howie
Lee no me podía contar gran cosa. Mejor sería
preguntarle directamente. Me dirigí a la cocina por
el callejón de la parte superior del restaurante.
Zuben se mostró muy poco comunicativo. Su nerviosismo
me hizo ver que intentaba algo. Por eso, o porque tengo
mucha suerte, pude saltar hacia la puerta en el momento
justo en el que volcó la olla con la sopa. Si me
hubiera alcanzado estoy seguro que no lo hubiera podido
atrapar. Salió por la puerta de la cocina conmigo
pisándole los talones. Se dirigió al fondo del
callejón y, tras girar la esquina se introdujo por
una puerta al fondo del callejón. Miré,
mientras no dejaba de correr, a un "sin techo" que rebuscaba
en la basura. Era mucho más bajo y escuálido
que Zuben de modo que ni siquiera me paré. Estaba en
plena persecución. Tras la puerta salí a un
patio. Sin pararme continué corriendo hacia las
escaleras que estaban en el lado superior derecho. Era la
única dirección de huida que pudo coger.
Allí había un pasillo estrecho y al llegar al
final del techo Zuben saltó. No tuve que preguntar
nada, en sus ojos se veía un odio frío.
Desenfundé y disparé muchas veces, hasta que
cayó muerto. Registré el cadáver en
busca de pruebas. Nunca he sido una personas con ascos. Al
salir del pasillo ahí estaba Gaff, un Blade Runner
veterano y algunas unidades de policía. Hablé
con Gaff que me felicitó con cierto enfado ya que la
prima por retiro había sido mía y no suya y me
advirtió del peligro de "retirar" por error a un
humano en vez de un pellejudo. Si ocurría eso
sería el fin de mi carrera y, quien sabe, si de mi
vida. Ya había tenido suficiente para un día.
Me marché a mi casa. En el garaje tuve una
extraña sensación. Estaba seguro que, de no
haber dado alcance a Zuben en la persecución, me
estaría esperando en el aparcamiento. Si hubiera sido
así ahora estaría disparando a una sombra que
se acercaría corriendo. Mucho más dificil que
acertarle en un pasillo estrecho. En el ascensor
marqué el botón grande, para respuesta de voz
"McCoy, 88 F" para llegar a mi apartamento. Allí
estaba la chica más querida, mi perra. Un ser
formidable. Miré el videófono en busca de los
mensajes del día. Un loco decía un
montón de majaderías. No es de extrañar
pues en esta ciudad siempre ha habido locos, y siempre los
habrá. Me dirigí al baño para
refrescarme y salí al balcón. Habían
ocurrido muchas cosas en el día y era el momento de
meditarlo todo. Traté de dormir, pero no tenía
sueño.
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II
El teléfono
sonaba, en el edificio Tyrell había habido un crimen
que, según parecía estaba relacionado con el
asalto a la tienda de Runciter. Salí hacia
allí de inmediato. Al llegar hablé con el
vigilante y me dirigí al ascensor justo junto al
puesto del guardia. En la entrada de la habitación de
test gravitatorios encontré por el suelo una serie de
indicios que, de eso sí que estaba seguro, me
llevarían más cerca de los replicantes. Dentro
todo estaba manchado de sangre y sesos. No sólo lo
habían asesinado sino que, además, lo
habían hecho de una forma terrible pues le
habían colocado una bomba en la cabeza. Al examinar
el cadáver encontré un trozo de cable en el
donde tendría que haber estado la cabeza. Horrible.
En el suelo de la habitación encontré una
serie de pistas de lo más variadas, entre ellas una
caja de comida. Salí del cuarto e intenté
acceder a la información de Tyrell en el ordenador
del cuarto de la entrada de la habitación de Test
gravitatorios. Por suerte había encontrado en la
habitación una pista que me serviría para
entrar en los datos que más me interesaban. Al bajar
del cuarto de Test volví a hablar con el vigilante.
Entonces apareció Crystal que estaba siguiendo el
caso del "autobús lunar", como lo llamábamos
todos. Si estaba allí era porque su caso y el
mío estaban relacionados. Tras una desagradable
charla llegamos a un acuerdo sobre compartir pistas.
Así sería más sencillo terminar de una
vez con este caso. Tras terminar en el edifico Tyrell
volví a la comisaría a investigar la imagen
del asesinato en la habitación de Test gravitatorios
y para descargar y cargar las pistas. Allí, revisando
las pistas de Crystal supe que ella tenía detenido a
un colaborador de los replicantes de modo que bajé a
los calabozos para interrogarlo. Tras el interrogatorio
volé hacia el mercadillo animoide. Una pista recogida
me indicaba que ese debía de ser mi siguiente paso.
Al fondo de la avenida principal encontré a Hassan,
vendedor de serpientes que, tras un rato de charla, me
dirigió hacia una vendedora Peruana. Hablé con
ella aunque no obtuve más de lo que ya sabía.
Continué por la calle de la izquierda donde
encontré la tienda de Bob, un honrado vendedor de
armas con la tienda mejor protegida de toda la ciudad.
Hablé con él. Algo me dijo que debería
hacerle pasar por la máquina detectora de
replicantes, la Voice Kamp. También le compré
unos cuantos cartuchos de mayor potencia de los que ya
llevaba. Nunca se sabe cuando hará falta la
artillería. Entré en la calle del
círculo de Hawker y allí encontré la
tienda de Mamá Isabella. Le pregunté sobre su
relación con la Tyrell y sobre la caja de comida que
encontré en la escena del crimen. Cerca de la tienda
de Mamá Isabella estaba el bar chino. Hablé
con el camarero, pero tampoco saqué nada a lo que
agarrarme. Me tomé una copa para aplacar la
frustración. Decidí encaminarme por la
izquierda hacia la tienda de Izo, el Green Pawn. Tuve que
esperarlo un poco, pero al final apareció. Su actitud
era claramente hostil y cuando empecé a preguntar
sobre Grigoriam se empezó a escabullir. Me
mostró una cámara de fotografía y me la
disparó en la cara. El flash me cegó y, cuando
por fin pude ver había desaparecido. Recogía
la cámara y las fotografías que tenia hechas y
lo seguí por unas escaleras de dentro de la tienda
que iban al sótano. Para ello tuve que volar una
cerradura que, como es lógico, cerraba una puerta.
Allí tenía un verdadero arsenal, armas sin
duda para los replicantes. Ya en la alcantarilla
había una escalera de mano que subía
verticalmente y ascendí por ella. Arriba me esperaba
Izo con una catana. Cuando me disponía a sacar el
arma Crystal se me adelantó. El muerto era suyo.
Según había comprendido de todo lo que pude
obtener, mi próximo destino era la fábrica de
ADN. Entré en Dermo diseño y me
encontré a su dueño Morajii encadenado
mientras una bomba hacía la cuenta atrás. No
había tiempo que perder. Disparé a la cadena y
salí corriendo de la tienda. Me alejé lo
suficiente de la entrada sin dejar de correr y la tienda
explotó. Marajii no tuvo tanta suerte. La onda
expansiva lo cazó. Antes de morir tuvo tiempo de
decir algunas cosas. En la planta superior de la tienda
vivían y tenían su laboratorio Luther y Lance,
dos científicos de la Tyrell que habían sido
despedidos hacía tiempo. Allí había una
gran cantidad de aparatos y muñecos que
investigué. Debajo de una cabeza encontré un
sobre lleno de dinero y en el contestado automático
encontré un mensaje muy interesante. Tras salir del
apartamento me dirigí a la fábrica de ojos de
Chew, justo enfrente. Chew estaba muy ocupado y cualquier
interrupción lo molestaba mucho. Hablé con
él y me dio la dirección de Sebastián
en el Bradbury Hotel, un lugar abandonado e
inhóspito. Justo al girar la esquina. Entré en
su casa pero no había nadie. Me paseé por las
habitaciones buscando pruebas y fue en el despacho donde las
encontré. Pero no fue fácil. La impresora
estaba desenchufada y al ponerla de nuevo en funcionamiento
una impresión sin terminar me dio parte de la
información sobre el código genético de
los replicantes. En una habitación me pareció
ver una sombra que se movía rápidamente
entrando en una cuarto que resultó ser el
baño. El agua caía por las paredes y una
escalerilla en una pared me dio entrada a la azotea. Pero
ese ascenso no fue, precisamente, un regalo. Allí
arriba estaban Sadik y sus compañeros por lo que de
repente me vi sorprendido y muy a pesar mío me vi
capturado.
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|
III
Estaba atado a una
silla. Por el suelo veía algunas cosas que
podrían ser pistas pero, atado a una silla y sin
posibilidades de huida, no tenían ninguna utilidad.
Busqué de una forma más detenida y, en la
pared del fondo de la habitación, en las sombras,
oculto por completo, había un clavo que me
ayudaría a romper las cuerdas y liberarme. Como ya he
dicho antes, tengo mucha suerte. Una vez libre,
recogí todas las pruebas de la habitación y
salí por la puerta de la parte anterior de la
estancia. Un hombre grande estaba amenazando al dueño
del hotel, porque aquello era un hotel. Tras hacer que lo
dejara e interrogarlo entré en su habitación.
Era cierto, como me había contado, su
habitación había sido registrada pero, en el
fondo de uno de los cajones encontré una pista que,
aunque en ese momento no me lo pareció,
resultaría fundamental para resolver el caso.
Salí del hotel en busca de mi coche. Volví a
la comisaría a recoger y dejar pruebas y partí
inmediatamente a la sala Histeria. La entrada que
había encontrado en la habitación donde me
habían secuestrado podía llevarme ante alguno
de los pellejudos. En la calle de la sala Histeria una
pareja de vendedores de perritos calientes discutía
sin cesar. Tras una corta conversación decidí
entrar en la tienda de coches usados para hablar con piernas
locas Larry, que estuvo a punto de venderme un coche, un
auténtico clásico. Lástima que
estuviera de servicio. Entré en la sala histeria.
Lucy jugaba en una máquina. Me acerqué a ella.
Tras hablar un poco y pedirle que me acompañara, ella
salió corriendo hacia el laberinto de espejos. La
seguí, guardé mi pistola y me lancé a
una persecución por los corredores del laberinto.
Pero escapó, o la dejé escapar, no lo
sé. El caso es que no la había capturado.
Así que decidí volver al mercadillo animoide.
Tenía que resolver ciertas dudas con Mama Isabella.
Mama Isabella, tras asegurarse de que no la iba a detener se
mostró muy explícita. Ya sabía como los
replicantes se habían hecho con el queso. Era el
momento de ir a la zona de los clubes. Tenía que ver
a dos personas. Una de ellas debería de estar en el
bar de Taffy Lewis y otra en el Early's bar. Busqué
primero en el bar de Taffy pero no estaba. Me dirigí
entonces al Early's bar. Al entrar vi como un individuo
giraba una mesa para entrar en una zona privada. Me
dirigí allí. Por desgracia el vigilante del
bar me impidió entrar y se pegó a mi tanto que
me era imposible moverme. Hablé con él y me
acerqué a la chica que bailaba en el escenario. El
vigilante se vino conmigo, y se quedó embobado con la
chica. Era mi oportunidad. Corrí hacia la mesa
giratoria y entré en la parte privada del club.
Allí encontré a Early, uno de los que buscaba,
hablé con el y, cuando salió de la
habitación para anunciar una actuación en el
escenario contiguo pasé ahí. La bailarina
llevaba un vestido extremadamente intrigante así que,
tras terminar la actuación me dirigí a su
camerino. Hablé con ella y le hice la prueba
detección de replicantes. Resultó ser humana,
y muy humana por cierto. Salí de allí y me
dirigí al bar de Taffy. Gordo, un showman que
alegraba las tardes y que ya había llegado para su
actuación. Subió al escenario y, entre chiste
y chiste, me acusó de ser un replicante. Entonces
todo se complicó, un par de hombres llegaron al bar y
tras presentarse como policías traté de
explicar lo que pasaba pero, de golpe todo se volvió
negro y, mientras caía al suelo supe que había
recibido un golpe. Tras despertarme me encontré atado
en una silla, decían que yo era un replicante y, para
ser sincero, a estas alturas ni siquiera estaba seguro de si
yo era un humano o un pellejudo. Por suerte Crystal
llegó a tiempo para sacarme de allí aún
entero. Ahora debería moverme con mucho cuidado. Al
parecer era considerado un replicante y se me estaba
buscando. Crystal me dejó claro que, a partir de ese
momento no me iba a ayudar más y que si le pagaban
por "retirarme" no lo dudaría ni un momento. Bueno,
esa es la vida de un Blade Runner. Decidí que lo
mejor sería andar por el subsuelo. Las alcantarillas
son un sitio ideal para todos aquellos que no quieren
encontrarse con la policía.
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|
IV
Estaba atado a una silla. Por el suelo veía algunas
cosas que podrían ser pistas pero, atado a una silla
y sin posibilidades de huida, no tenían ninguna
utilidad. Busqué de una forma más detenida y,
en la pared del fondo de la habitación, en las
sombras, oculto por completo, había un clavo que me
ayudaría a romper las cuerdas y liberarme. Como ya he
dicho antes, tengo mucha suerte. Una vez libre,
recogí todas las pruebas de la habitación y
salí por la puerta de la parte anterior de la
estancia. Un hombre grande estaba amenazando al dueño
del hotel, porque aquello era un hotel. Tras hacer que lo
dejara e interrogarlo entré en su habitación.
Era cierto, como me había contado, su
habitación había sido registrada pero, en el
fondo de uno de los cajones encontré una pista que,
aunque en ese momento no me lo pareció,
resultaría fundamental para resolver el caso.
Salí del hotel en busca de mi coche. Volví a
la comisaría a recoger y dejar pruebas y partí
inmediatamente a la sala Histeria. La entrada que
había encontrado en la habitación donde me
habían secuestrado podía llevarme ante alguno
de los pellejudos. En la calle de la sala Histeria una
pareja de vendedores de perritos calientes discutía
sin cesar. Tras una corta conversación decidí
entrar en la tienda de coches usados para hablar con piernas
locas Larry, que estuvo a punto de venderme un coche, un
auténtico clásico. Lastima que estuviera de
servicio. Entré en la sala histeria. Lucy jugaba en
una máquina. Me acerqué a ella. Tras hablar un
poco y pedirle que me acompañara, ella salió
corriendo hacia el laberinto de espejos. La seguí,
guardé mi pistola y me lancé a una
persecución por los corredores del laberinto. Pero
escapó, o la dejé escapar, no lo sé. El
caso es que no la había capturado. Así que
decidí volver al mercadillo animoide. Tenía
que resolver ciertas dudas con Mama Isabella. Mama Isabella,
tras asegurarse de que no la iba a detener se mostró
muy explícita. Ya sabía como los replicantes
se habían hecho con el queso. Era el momento de ir a
la zona de los clubes. Tenía que ver a dos personas.
Una de ellas debería de estar en el bar de Taffy
Lewis y otra en el Early's bar. Busqué primero en el
bar de Taffy pero no estaba. Me dirigí entonces al
Early's bar. Al entrar vi como un individuo giraba una mesa
para entrar en una zona privada. Me dirigí
allí. Por desgracia el vigilante del bar me
impidió entrar y se pegó a mi tanto que me era
imposible moverme. Hablé con él y me
acerqué a la chica que bailaba en el escenario. El
vigilante se vino conmigo, y se quedó embobado con la
chica. Era mi oportunidad. Corrí hacia la mesa
giratoria y entré en la parte privada del club.
Allí encontré a Early, uno de los que buscaba,
hablé con el y, cuando salió de la
habitación para anunciar una actuación en el
escenario contiguo pasé ahí. La bailarina
llevaba un vestido extremadamente intrigante así que,
tras terminar la actuación me dirigí a su
camerino. Hablé con ella y le hice la prueba
detección de replicantes. Resultó ser humana,
y muy humana por cierto. Salí de allí y me
dirigí al bar de Taffy. Gordo, un showman que
alegraba las tardes y que ya había llegado para su
actuación. Subió al escenario y, entre chiste
y chiste, me acusó de ser un replicante. Entonces
todo se complicó, un par de hombres llegaron al bar y
tras presentarse como policías traté de
explicar lo que pasaba pero, de golpe todo se volvió
negro y, mientras caía al suelo supe que había
recibido un golpe. Tras despertarme me encontré atado
en una silla, decían que yo era un replicante y, para
ser sincero, a estas alturas ni siquiera estaba seguro de si
yo era un humano o un pellejudo. Por suerte Crystal
llegó a tiempo para sacarme de allí aún
entero. Ahora debería moverme con mucho cuidado. Al
parecer era considerado un replicante y se me estaba
buscando. Crystal me dejó claro que, a partir de ese
momento no me iba a ayudar más y que si le pagaban
por "retirarme" no lo dudaría ni un momento. Bueno,
esa es la vida de un Blade Runner. Decidí que lo
mejor sería andar por el subsuelo. Las alcantarillas
son un sitio ideal para todos aquellos que no quieren
encontrarse con la policía.
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|
V
En mi apartamento no
había nadie, bueno estaba mi perra muerta con dos
balazos. Si alguien se merecía seguir viva era ella.
Estaba furioso y alguien tenía que pagar.
Conecté el videófono. Tras una breve
conversación salí de nuevo hacia el
alcantarillado camino del autobús lunar, hacia el
norte desde el subterráneo del metro. Llegué
al final de la alcantarilla. En esta zona de la ciudad las
ratas son enormes y, aunque parezca mentira, son necesarias
más de una bala para matarlas. Cuando llegué
ya estaba allí Crystal. Ahora sí que estaba en
su lista. Tuve suerte y fui más rápido. Al
final ella estaba en el suelo. Continué hacia el
fondo. Hacia el autobús lunar. Allí estaba
Sadik que me trató como a un hermano hasta que
empecé a dispararle. Yo podía ser un
replicante, pero sobre todo, era un Blade Runner.
Entré en el autobús lunar. Clovis estaba
tumbado en la cama con un libro de poesía. Aunque
parezca mentira, tan apenas se resistió. Clovis
aún estaba caliente cuando salí del
autobús lunar. Graff acababa de llegar y no quedaba
nadie vivo que pudiera acusarme de ser un replicante.
Inventé algo para justificar la muerte de Crystal y
me gané las pagas por "retiro" de los replicantes. He
sobrevivido y he vencido. Pero ahora una terrible duda me
asalta por las noches, tal vez deba comprarme otro perro,
como dijo Graff.
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